Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2010;63(02):238-9 - Vol. 63 Núm.02 DOI: 10.1016/S0300-8932(10)70044-0

Paloma Aragoncillo

Camino Bañuelos de Lucas a

a Unidad de Hemodinámica. Hospital Clínico San Carlos. Madrid. España.

Artículo

Paloma Aragoncillo nació en Tetuán (Marruecos), cuando este territorio era una colonia española, el 24 de septiembre de 1947. Sus padres pertenecían a familias malagueñas acomodadas de ambiente intelectual. El padre seguidor de Azaña, la madre del general Franco, ambos grandes lectores, todo un crisol. La familia se trasladó a Madrid en 1959 a raíz de la independencia de Marruecos lo que supuso para Paloma tener que adaptarse, en plena adolescencia, a un gran cambio en su entorno. Al acabar el bachillerato no dudó en ningún momento en elegir la carrera de medicina. Esta seguridad en su vocación la acompañaría toda la vida. A los 20 años, ya estudiando en la Universidad Complutense de Madrid, falleció su madre. Ella era la menor de seis hermanos y tuvo que hacerse cargo de la casa, pasando de ser la hermana más pequeña a convertirse en la madre. Este papel que ejerció directamente durante varios años, compatibilizándolo con los estudios en la facultad, lo mantuvo de diversas formas y lo amplió a sobrinos y sobrinos-nietos hasta su muerte.

Pronto se decantó en sus estudios por la anatomía patológica, y fue alumna interna de este departamento durante la licenciatura. Su postgrado lo realizó en el Departamento de Anatomía Patológica del Hospital Clínico de Madrid. Precozmente sintió la afición por el estudio del corazón, a pesar de que algún patólogo experimentado le dijo que era la mejor manera de no ganar dinero. El Profesor Zarco le contagió también su vocación cardiológica. Le presentó al Dr. Torrent-Guasp, y así tuvo oportunidad de trabajar con él en su casa de Denia, cociendo corazones de vaca y analizando con gran curiosidad «la cuerda».

En 1980 leyó su tesis doctoral titulada: "Estudio morfológico de los capilares linfáticos y de la microcirculación sanguínea en el infarto de miocardio experimental", por la que recibió la calificación de sobresaliente cum laude.

En 1981 pasó una temporada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Birmingham, Alabama, junto al patólogo cardiaco español Dr. Ricardo Ceballos. En aquel momento era el Dr. Kirklin el jefe de Cirugía Cardiaca, y operaba como cirujano de referencia cardiopatías congénitas complejas, valvulopatías y enfermedades coronarias. Ella pudo disfrutar de la visión directa de cirugías cardiacas realizadas por un grupo de cirujanos excepcional llamado coloquialmente KKK: Kirklin, Kouchoukos y Karp, sin olvidar a Pacifico.

Volvió a Madrid y puso en práctica las técnicas, cuidadosamente aprendidas, de disección del corazón, de los grandes vasos, de las coronarias y del sistema de conducción, que luego ella fue perfeccionando. Fue una defensora de la importancia de la autopsia como técnica indiscutible para el diagnóstico de la causa de muerte de los pacientes, así como del estudio estructural. Aunque frágil físicamente, hasta el comienzo de los síntomas de su fatal enfermedad, ella llevaba a cabo personalmente las necropsias.

Hubo una temporada en la que un hospital madrileño se quedó sin patólogo y Paloma tuvo que encargarse de estudiar las venas extraídas en la cirugía de varices. Este trabajo, que podría resultar rutinario y aburrido, le sirvió posteriormente para hacer estudios notables en el análisis de los puentes de safena.

La docencia fue una parte fundamental en su vida cotidiana, primero como profesora de clases prácticas y luego como profesora asociada. Después de muchos años de enseñanza seguía preparando sus clases con la misma dedicación y el mismo interés que al inicio de su carrera. Los testimonios de sus alumnos son el mejor aval de su actitud de auténtica maestra.

La comunidad cardiológica española ha disfrutado de su sabiduría y trabajo infatigable, tanto en la consulta puntual como en los estudios cuidadosos y laboriosos realizados a lo largo de su vida. Siempre disponía de tiempo para atender a alumnos, residentes, médicos y cualquier otro tipo de investigadores. De su calidad científica dan cuenta sus publicaciones en las mejores revistas de cardiología. También colaboró científicamente con profesionales de otras áreas del conocimiento, tanto médicos (valga como ejemplo el destacado nefrólogo Dr. Carlos Caramelo) como investigadores básicos, ingenieros (su propio hermano Cipriano), etc.

Abundando en su perfil de amalgamadora familiar, hay que señalar que verdaderamente asumió y ejerció su papel de madre y luego el de abuela. Cuando falleció Paloma, su hermano mayor, que le llevaba 12 años, me dijo: "Camino, me siento huérfano". Así de cálida era la relación que mantenía con sus familiares. Durante su afortunadamente corta enfermedad, disfrutó de la compañía puntual y entregada de toda su familia, cuya disposición fue unánime.

Heredó de sus padres la afición por la lectura. No le gustaban las actividades deportivas, prefería la jardinería de terraza, la costura, la cocina, pero el libro era el compañero más querido en sus momentos de ocio. Sin embargo, su actividad preferida fue el trato con los niños y los jóvenes, de cuya compañía disfrutaba y a los que ella también hacía disfrutar.

Tras su muerte ya han aparecido dos trabajos suyos: una publicación en Circulation del grupo de hemodinamistas del Hospital Clínico de Madrid y cardiólogos del Hospital Puerta de Hierro, con el Dr. J. Escaned como primer firmante, y una monografía sobre la aorta, publicada por la SEC, de la que es coordinador el Dr. Isidre Vilacosta. El Dr. Vilacosta, que fue un amigo muy entrañable para Paloma, comenta en un escrito como ha aprendido a través de los ojos de Paloma y cómo ella supo convivir con el papel "falto de brillo" que con frecuencia se da a los patólogos, cuando, sin embargo, algunas de sus preparaciones han dado la vuelta al mundo.

El recuento puntual de todos y cada uno de los investigadores clínicos y básicos con los que colaboró es difícil y delicado, sobre todo por el riesgo de olvidar a alguno. Por ello voy a hacer referencia a los grupos hospitalarios con los que mantuvo una relación más estrecha: Trasplante y Hemodinámica del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, Electrofisiología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, Nefrología de la Fundación Jiménez Díaz y los grupos de Cirugía, Electrofisiología, Hemodinámica, Cardiología clínica e Investigación básica del Hospital Clínico de Madrid. Pido disculpas si he olvidado a alguno. Ella nunca lo hubiera hecho, ya que gozaba de una memoria envidiable y de mucho respeto a sus compañeros.

Palomi, los cardiólogos de este país estamos encantados de haberte conocido y haberte tenido. Sentimos mucho tu pérdida, tanto en el campo humano como en el profesional, en los que te quedaba mucho por hacer.

0300-8932/© 2010 Sociedad Española de Cardiología. Publicado por Elsevier España, S.L.U. Todos los derechos reservados.

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